lunes, 25 de mayo de 2009

JACK MARTÍNEZ SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


En diciembre de 2008 Francisco Ángeles publicó su primera novela: La línea en medio del cielo (Revuelta Editores). Artífice de Porta 9 y co-editor de El Hablador, Ángeles ha entregado un libro breve, ambicioso y complejo que ha merecido comentarios de toda índole y múltiples interpretaciones, desde discretas hasta delirantes. Sin embargo, con la siguiente reseña intento desarrollar algunos aspectos que considero importantes en el libro y que no han sido tratados aún.

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La línea... es de noventa páginas y se divide en dos partes. No tiene una historia clara ni existe un argumento redondo. Entonces empezaré definiendo las líneas periféricas, las que trazan el escenario.

Podría resumir el ambiente en el que se inscribe la novela señalando que se trata de la Lima del 2000; pero el narrador nunca nombra directamente la ciudad, ni siquiera le da nombres propios a sus locaciones. Se trata de un escenario triste en el que se respira un halo de decadencia: arquitecturas viejas de crujiente piso entablillado como La Casa de Gobierno o El Ministerio; todo ello, en la época de un gobierno dictatorial que se erige como el gran rival al que quieren derrocar la mayoría personajes: casi todos tienen esa convicción, menos el protagonista.

También sucede algo parecido con la nomenclatura de estos personajes secundarios. Ellos son señalados exclusivamente por sus características físicas: encontramos al muchacho de la cabeza rapada, al muchacho de gafas, al de patillas o a la muchacha escuálida. Esta característica del libro se asocia de alguna manera con el lenguaje, ya que este crea imágenes casi cinematográficas de las acciones. Entonces Ángeles construye esas imágenes con las palabras, y acorde a esa tendencia nos muestra personajes que son recordables por su apariencia física más que por los posibles nombres o caracteres.

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El personaje principal se llama Ignat. Pero por la complejidad de la narración, también podríamos decir que LOS personajes principales se llaman Ignat. Aquí asumiré esta última interpretación.
Como ya lo señalé, el libro se divide en dos partes. Más allá de una diferencia cronológica hay un cambio de registro en el estilo con el que se narran las anécdotas que, aunque fragmentarias, recorren un intermitente hilo conductor. Acaso la línea en medio del cielo, esa marca que divide el todo, es también la metáfora de la partición formal plasmada en el libro.

El Ignat de “El cielo por la mitad” (primera parte) es un joven extraño; y su comportamiento se construye con parámetros similares a los del Ignat que aparecerá más tarde en “La línea siempre oculta” (segunda parte). Ambos concentran sus miradas en el mundo interior, hacia el pasado o el presente, pero siempre hacia sí mismos.

El primer Ignat vuelve a ver a Virginia, antigua amiga, antigua amante, que está inmersa en una agrupación universitaria que protesta contra el gobierno. “Estamos formando una comisión que represente a todos los estudiantes. Queremos dejar sentada nuestra posición sobre las últimas medidas tomadas por el gobierno”, dice ella. Ignat “Desconocía cuáles eran esas medidas de las que hablaba Virginia, pero no le interesó preguntar” (pp. 13).

Entonces, más que una evasión de carácter patológico y mental, el comportamiento de Ignat constituye, desde mi perspectiva, la esencia del hombre posmoderno (en cuanto a su aislamiento) llevada al extremo. Esta idea se refuerza cuando en líneas posteriores Ignat establece “La colección”, una exposición de fotos con gente a punto de morir. Ahí, dentro de la sala está él. “Al otro lado de la puerta existía un mundo con el que no tenía nada que ver”.

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Las páginas dedicadas a La Colección (subcapítulo de la primera parte) también hacen explícita una constante en la novela: el tema de la muerte. El primer Ignat visita a Virginia con una fotografía en la que aparece una novia momentos antes de desvanecerse para siempre. Y él pregunta constantemente ¿qué sintió la mujer al momento de ejecutarse la instantánea? Pregunta eso mientras Virginia se preocupa por la organización de las marchas. Virginia no le presta atención, pues ni siquiera intuye que pronto también ella tendrá una foto, una que se dispararía antes de que desfallezca sobre la cama de una habitación a causa de una sobredosis.
Pero el primer y segundo Ignat no solo expresan una fascinación por la muerte a través de las fotografías que van coleccionando, sino también porque aquella los atrae físicamente: él siente una sensación intensa y agradable cuando, por ejemplo, ingresa a una funeraria y conversa con un viejo (que sería más tarde el segundo Ignat), dueño del establecimiento.

La muerte como obsesión también aparece en Virginia y sus amigos. Ellos, siempre preocupados por las revueltas (tanto en la primera como en la segunda parte del libro) traman un evento que busca llamar la atención del gobierno y convienen en la idea de que no existe nada más real que “la muerte como espectáculo”.

Para culminar regresaré a las primeras líneas de la novela: en ellas se relata la aparición de ocho cadáveres, se presume que se trató de un suicidio colectivo. Otros señalan que no es más que una cortina de humo instalada por el gobierno. La muerte marca el inicio de las acciones de La línea....

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Este “suicidio” con el que arranca la novela constituye una muestra de las manifestaciones que, en grupo, eran realizadas por jóvenes con tardíos y utópicos ideales políticos.

Ángeles empezó a escribir esta novela en el 2000. Y ha dicho que las movilizaciones anteriores a la caída de Fujimori inspiraron el inicio del proceso creativo de La línea en medio del cielo. Pues cabe señalar que si en algún momento se percibe aquél espíritu de protesta juvenil es justamente en los episodios anteriormente descritos. De allí en más, la novela adquiere un vuelo que trasciende cualquier frontera de la realidad política de la época.

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Para terminar, quiero señalar que en La línea en medio del cielo se percibe un libro redactado con madurez y cuidado. Ángeles ha producido una novela pulcra en cuanto a técnica y estilo. Sin embargo, la temática fragmentaria y ciertos pasajes que tienden hacia una poética de lo absurdo podrían entorpecer la percepción de algunos lectores no entrenados.

Publicado en la edición 16 de la revista virtual de literatura El Hablador, en mayo de 2009

martes, 14 de abril de 2009

JOSÉ MIGUEL HERBOZO SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


Creo que la primera novela de Francisco Ángeles debe ser una de las apariciones más recordables de nuestra narrativa reciente. Tanto la modalidad narrativa que elige y ejecuta, los temas que explora y la relación particular que un libro de este carácter tiene con otras apariciones de la década me parecen sencillamente interesantes.

La línea en medio del cielo cuenta la historia en que Ignat recuerda las circunstancias de la muerte de Virginia, transcurrida varios años antes de que Ignat se decidiera a escribir la historia. Esta novela propone un modelo narrativo que intenta reconstruir los hechos del pasado pero no lo hace cronológicamente: en todo caso, se podría decir que parte en un momento de la relación entre Ignat y Virginia, y termina revisitando la muerte de la última tras volver a narrar el comienzo de la historia, pero desde otro punto de vista. Así, la estructura del relato que parte del final y va hacia el comienzo representa un retorno en búsqueda del sentido del pasado, un círculo que cuenta dos veces las proximidades de la muerte de Virginia. La novela se ordena alrededor de la acumulación de experiencia y la culpa por la muerte que la soledad genera en Ignat, el protagonista.

La línea en medio del cielo propone un especial acercamiento a sus personajes a partir de dos creencias: la primera es que el narrador parece confiar en la capacidad de las pulsiones y los momentos de tensión para revelar la naturaleza profunda de las personas; la segunda es la determinación de las vidas más simples a los hechos del poder. Mientras el tema de las pulsiones es fundamental porque organiza la historia a partir de la muerte de Virginia, (mediante la pulsión de muerte o el final de la virginidad de Virginia); el tema del poder ha sido planteado de una manera tan fría que algunos lectores lo han considerado un error, pues les parece un accesorio para poder contar la historia. Sin embargo, creo que el libro hace bien en desprenderse un poco de un marco político (acaso los noventa), en especial ahora que hablar de narrativa peruana no vale si no se habla de sendero. Lo que esas menciones aparentemente tangenciales a un poder que nos determina son importantes porque genera las condiciones para el desenlace, la muerte de Virginia. Y aunque el vínculo se pudo escribir en ese lenguaje que parece explorar la última verdad de Ignat, y resultar así más cálido, se puede redondear este tema regresando a una determinación en lo político que cree en el poder de la ficción para entender que lo político es un relato que se le cuenta a la gente para manipularla.

A partir de la modalidad narrativa y los temas más recurrentes, se pueden establecer algunas conclusiones importantes en relación con lo que se viene produciendo en narrativa peruana. Sin duda, y pese a sus diferencias, estamos ante un libro que cala bien en el catalogo de su editorial, pues es una novela que esta inscrita fundamentalmente en las claves de una narrativa mas preocupada en el cuidado de la prosa y en la exploración de los rasgos de identidad de sus protagonistas. En ese sentido, tiende puentes con novelas como Casa de Islandia de Luis Hernán Castañeda o Habrá que hacer algo mientras tanto de Ezio Neyra, pese a la notoria diferencia de obsesiones de los dos mencionados.

Después de todo, queda la impresión de que todavía se puede escribir narrativa indeterminando las historias, jugando en el límite de las posibilidades de la ficcción realista y explorando otras formas de representación. De hecho, La línea en medio del cielo es un libro que pone como tema el lugar de Mario Bellatín en nuestra literatura, acaso el narrador que más ha experimentado con las posibilidades de representación de Latinoamérica sin convertir a Latinoamérica en su tema central (me refiero, al menos, a la primera etapa de Bellatín) durante los años noventa y los primeros de esta década.

Publicado en Sillón Voltaire en abril de 2009

miércoles, 18 de marzo de 2009

JUAN FRANCISCO UGARTE SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


LA CONFUSIÓN COMO SENTIDO

Una historia que no es por definición una historia. Un personaje que se presenta como el cruce de varios personajes, de varias identidades que la lectura parece ofrecer pero que en el fondo sólo ofrece una certeza: la ambigüedad. De esta manera, con este extraño y complejo libro, Francisco Ángeles (Lima, 1977) no sólo entrega una novela bien lograda sino que lo hace en un momento en el cual las novelas logradas resultan insólitas en nuestra literatura actual.

La línea en medio del cielo tiene mucho de todo y de nada al mismo tiempo. Su protagonista, Ignat, aparece como un individuo desorientado dentro de una realidad imposible de aprehender, una realidad de la cual no forma parte debido a un estado paranoico que lo atormenta y arrastra hacia determinadas circunstancias: la violación a Virginia, los crímenes a las personas que previamente fotografía, etc. Ignat se desprende de ese mundo enrarecido y crea su propio universo, su propia ficción de las cosas, y decide manejarse a partir de normas que sólo existen en su conciencia. Normas que evidencian una irremediable confusión y que, con el transcurrir de los hechos, desembocan en la pérdida absoluta del centro. Sin embargo, dentro de la lógica de la novela, el sentido para Ignat (como para los otros dos protagonistas, Virginia y el viejo que escribe) reside justamente en esa incesante y perturbadora confusión.

Ángeles acoge un tipo de novela en la que las estructuras narrativas, técnicas y por tanto formales (sin contar el lenguaje) tienen importancia desde el punto de vista de los significados, del contenido de la obra. La fragmentación y alternancia de secuencias forman parte de una estrategia que provoca ciertas sensaciones sobre los lectores, como las de ambigüedad, incertidumbre, desconcierto y paranoia. Con esto, a pesar de su aparente disgregación, la novela adquiere una compacta unidad que vincula forma y contenido en un punto clave para poder entenderla: la incoherencia. Ángeles no pretende narrar una historia, sino estimular varios efectos en el lector y, desde esa línea, provocar disímiles definiciones, interpretaciones y sobre todo significados. No obstante, es sólo con una historia descompuesta y fraccionada de manera precisa que la novela puede impulsar las significaciones al límite de sus posibilidades.

Por tanto, la estructura no sólo funciona para el ordenamiento secuencial de la obra, sino que envuelve y, en cierto modo, se convierte en una especie de metáfora de las propias experiencias de los personajes, sus frecuentes perturbaciones, desarreglos y confusiones. Esto es evidente en Ignat quien, debido a su continuo estado de trastorno, contagia a todas las personas que le rodean con esa sensación de conflicto e indecisión que lo caracteriza. Para ellos, en especial Ignat, Virginia y el viejo que escribe, nada es completamente cierto, la realidad, como se les manifiesta, es una muestra inmensa de ficción, un relato que no pueden entender con exactitud, y del cual únicamente son capaces de vislumbrar ciertos fragmentos, ciertas líneas. Ignat, dentro de su mundo ficcional, tiene que encontrar los elementos que conecten a todas las líneas, a todas esas pequeñas pistas que va intuyendo poco a poco conforme experimenta con su entorno. La misma operación se origina en el proceso de lectura. Cada pasaje separado por números constituye una línea, dentro de las cuales existen otras líneas; y todas ellas, en su conjunto, le brindan al lector la posibilidad de construir el entramado completo de una historia atravesada por lo onírico, una historia que fluctúa entre otras versiones alternas, otros caminos posibles que los personajes deciden recorrer, y una historia que tiene su inicio, su primera línea, en la habitación de un hotel (en donde se han encontrado ocho muertos). Sin embargo, y debido a la estética de la novela, es imposible distinguir el resto de líneas. El lector las intuye pero no logra reconocerlas, creando de este manera la atmósfera enigmática y de desconcierto que identifica al relato.

Como he referido antes, los personajes de la novela no poseen un centro que les permita orientarse en el mundo, y es precisamente la carencia de este centro lo que los lleva a inventar otros ambientes, otras posibilidades. Y no sólo eso, sino que se transforman en sujetos desengañados, frustrados y aturdidos, sujetos que observan su propia existencia como una gran mentira. Un ejemplo es el muchacho de la cabeza rapada, quien le propone a Ignat ser partícipe de su colección fotográfica. Con ello, su muerte está decidida por él mismo; pero el muchacho de cabeza rapada, para sorpresa de Ignat, no se siente conforme y decide involucrase en todo el proceso: planear su muerte, en el modo como deben ser tomadas las fotografías, etc. Sin embargo, es el viejo quien lo ejemplifica mejor: “Y así, en las sucesivas conversaciones después de la consulta semanal, la historia iba creciendo sin centro reconocible, dispersa y oculta bajo la capa de versiones. Nada funcionaba en esa historia antigua que anotaba en el cuaderno, nada funcionaba en ella como nada funcionaba en su cuerpo (…)”. La historia que el viejo escribe, así como la vida de Ignat y el resto de personajes, se ramifica sin forma específica y sin dirección, una historia que abarca muchas historias y al mismo tiempo ninguna, que empieza y se pierde para luego retomar el inicio y después perderse de nuevo. Sin un centro establecido, lo único que les queda es la confusión y la paranoia como elementos reales y auténticos. Por estos aspectos, La línea en medio del cielo se descubre como una novela de corte posmoderno, en el cual los protagonistas, por determinadas circunstancias, se ven envueltos en un amasijo de escenarios y situaciones que los perturba y no les permite seguir una sola línea.

Con respecto al lenguaje, la novela posee un ritmo narrativo veloz que se adecua a las distintas secuencias de la historia; aunque resulta mucho más efectivo y con mayor desarrollo y ligereza en la segunda parte. Sin embargo, existe un desbalance que, en algunos pasajes del libro, se hace demasiado notorio y obstaculiza la lectura. Se deduce que, por la forma de la novela, el lenguaje es relegado a segundo plano. Por ello, como consecuencia se obtiene una narración por momentos poco trabajada y desigual.

Otro punto que juega en contra es la falta de un referente concreto para los personajes. La historia, si bien remite al Perú gobernado por Fujimori y a las marchas estudiantiles que se produjeron en esos años, puede suceder en cualquier otra parte. No hay en toda la novela ningún rastro que involucre algún escenario específico y, por el contrario, se enmarca en un universo cerrado y sin muchas variantes. Indudablemente esto impide ciertos alcances que la novela pudo aprovechar. Además, por la privación del referente, la novela pierde intensidad y corre por tanto el peligro de no atrapar a sus lectores.

La línea en medio del cielo abre un camino necesario para nuestra literatura reciente con una estética auténtica y sobre todo bien lograda, que admite la multiplicidad de sentidos e interpretaciones, y que se revela con cierto tinte posmoderno. De esta forma, a pesar de algunas insuficiencias, la primera novela de Ángeles se distingue por su temprana madurez literaria y por una propuesta importante y llamativa.

Publicado en la página chilena de literatura Letrass5 en marzo de 2009

jueves, 26 de febrero de 2009

RICARDO GONZÁLEZ VIGIL SOBRE LA LINEA EN MEDIO DEL CIELO


CONTRA EL GRAN NARRADOR

Con una prosa esmerada y sugerente, y con un diestro manejo del “montaje” en una trama de “Senderos que se bifurcan”, Francisco Ángeles (Lima, 1977) nos entrega un primer libro digno de relieve: “La línea en medio del cielo”.

Resulta notable el diálogo creador con Julio Cortázar. No solo el simbolismo del “cielo” (la rayuela) y la búsqueda múltiple del “centro” en un mundo-mandala; no solo la atención prestada a la realidad sociopolítica (cuestión desatendida por otros maestros de Cortázar y Ángeles: Henry James, Kafka y Borges), aunque en un país sin nombre preciso, pero con rasgos alusivos al Perú (y, en general, Hispanoamérica). De modo más específico, percibimos el diálogo con uno de los mejores cuentos de Cortázar: “Las babas del diablo” (recreado en el cine por Antonioni en “Blow Up”). Este cuento comienza planteando que no sabe cómo narrar lo que ocurrió, tornando mutante la voz narrativa y totalmente abiertas las posibilidades de lo que pasó: ¿asesinato?, ¿secuestro?, ¿depravación sexual?, ¿pura alucinación? Juegan un rol capital las fotografías que, al ser ampliadas, sacan a flote la “línea siempre oculta” (estamos empleando las palabras que dan título a la segunda parte de la novela de Ángeles) del mundo en que vivimos; fotografías tomadas antes de un asesinato.

Aclaremos que Ángeles no copia a Cortázar, ni el estilo ni los personajes. Ha hecho suya una óptica que se nutre de ricas tradiciones culturales: Poe y los norteamericanos “oscuros” (Hawthorne, Melville, Henry James), los simbolistas, los surrealistas, los expresionistas, Kafka, Borges, etc. Y Ángeles, distante de Borges, no encuentra iluminaciones (al modo del Aleph) que den “sentido” a la existencia; de manera más expresionista que Cortázar plantea una línea que ha partido en dos el cielo, sintiendo “la inmensidad de lo que se desploma y está a punto de aplastarme” (p. 58), convirtiéndose en “algo que ninguna palabra podrá jamás captar (...) y entonces el grito, el grito alto y sonoro sobre el cielo, sobre el cielo por la mitad” (p. 68). Alarido de Munch ante la ausencia de “centro” (logos, sentido).

Además en Ángeles escribir la novela implica una “resistencia”: “El Estado es un productor de historias, simplifica y deforma la realidad, lo que la población no puede ver en los noticieros y en los periódicos. Cada uno vive su propia realidad de espaldas a la gran historia que en secreto se va tramando en la Casa de Gobierno (...) Lo que deberíamos hacer es quitarle ese poder de gran narrador” (p. 75).


ARGUMENTO
Comienza con el final de la historia: el aparente suicidio colectivo de ocho personas. Se suceden luego personajes y situaciones entretejidas mezclando tiempos y sin límites definidos los hechos y su reelaboración ficticia en la novela que estamos leyendo. La narra un viejo que bien puede ser el hombre de la funeraria que vio morir a su amada en el momento en que caminaba en la iglesia para casarse con él, pero también el joven Ignat que entabla lazos con Virginia, unos muchachos que planean actos subversivos y una secta que se interesa por su colección de personas fotografiadas antes de ser asesinadas o inmoladas.

Publicado en el diario El Comercio el miércoles 25 de febrero de 2009

GABRIEL RUIZ-ORTEGA SOBRE LA LINEA EN MEDIO DEL CIELO



Estamos en años prolíficos y fructíferos para la nueva narrativa peruana. Los narradores que vienen apareciendo en este nuevo siglo están demostrando no solo talento, sino también formación, y lo más importante: una convicción férrea con sus proyectos literarios.

Entre los narradores más interesantes, consigno a Marco García Falcón, Carlos Yushimito, Claudia Ulloa Donoso, Katya Adaui, Pedro Llosa, Leonardo Aguirre, Luis Hernán Castañeda y Jeremías Gamboa. Obviamente que esta es una lista mezquina, faltan varios; sin embargo, recomiendo que las miradas empiecen a centrarse en ellos, como una prueba tajante de que el buen momento internacional de la narrativa peruana no es bajo ningún punto de vista un hecho aislado.

A los mencionados se suma el escritor más original de su generación, Francisco Ángeles (Lima, 1977). A fines del año pasado, Ángeles sorprendió con la novela breve LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO (Revuelta Editores). Novela compleja, pese a su brevedad; novela que exige la complicidad del lector; novela que seduce y trastorna.

Muchas veces la originalidad se ha visto como una suerte de salvavidas, se hace uso de un argumento no convencional, se lleva al límite la elasticidad de la palabra, se juega con las estructuras y zas, ya tienes tu libro original. Es por eso que la crítica trata con guante blanco a libros así, las reseñas “perdonavidas” cunden, no solo en Perú, sino en Latinoamérica, hasta en España.

Ahora, ¿qué tiene que ver el párrafo anterior con LLEMDC? Pues mucho, porque la novela de Ángeles es una verdadera e irrefutable lección de originalidad que no descansa en el capricho experimental. El autor nos ha entregado un libro que es tan realista como onírico, tan clásico como de vanguardia. ¿Cómo uno percibe esto? Pues a través de su estructura y del uso funcional del lenguaje en pos de la recreación de una atmósfera tétrica que es, a mi entender, la gran protagonista de la novela.

Tenemos a Ignat, un muchacho despreocupado, dispuesto a dejarse llevar; conoce a Virginia, quien le presenta a sus compañeros de trabajo, cuyas conductas extrañas dan a entender que están inmersos en una conspiración de tintes políticos. El contexto es opresivo, es fácil ubicarnos en un escenario manipulado por un gobierno dictatorial. Sin embargo, lo que parece ser una novela policial trueca en un juego de situaciones por las que nos topamos con un macabro asesinato colectivo cometido en un hotel, con un médico que relata historias de desaparecidos, con un viejo que trabaja en una funeraria y con un amante despechado.

Hasta aquí, un argumento lineal. Pero no. No es así. Es mi propia idea de la estructura de la novela, y he allí uno de los méritos de la misma: su estructura es circular y a la vez lineal; circular porque los personajes parecen estar alternando roles, Ignat puede ser el médico, como también el amante despechado, etc. Sin embargo, la atmósfera no pierde su sentido, sigue avanzando, no decae, porque lo quiere el autor es mostrarnos la lógica onírica del mundo interior de sus personajes.

Líneas arriba mencione el posible influjo del policial. Por sus características, la novela se inscribe en el policial enigma, en donde los hechos a seguir son suplantados por la deducción y el instinto, pero esta sobrepasa los parámetros de dicho género puesto que no se busca descifrar un misterio, sino el hacernos partícipes del regodeo testimonial sobre las falsas autodestrucciones, como una pesadilla de la que se quiere despertar, sabiendo sin saber que será peor la paz del ordinario mundo real.

Sorprende, sí, que una novela de este corte sea la carta de presentación de un escritor debutante. Ángeles nos demuestra que la originalidad sin riesgo es absolutamente nada, que la tensión narrativa no depende de la piromanía verbal. LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO es de esos libros llamados a generar opiniones encontradas, pero nunca indiferencia, y eso no es poca cosa, es una gran cualidad que contadas veces se ve. Francisco Ángeles es un autor a quien deberemos seguir con lupa desde ahora.

Publicado en el diario español Siglo XXI el jueves 26 de febrero de 2009

lunes, 26 de enero de 2009

LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO EN LA FERIA DEL LIBRO DE TRUJILLO


El último viernes estuve en la Feria del Libro de Trujillo presentando La línea en medio del cielo. Compartí la mesa con el escritor Aldo Vivar, quien hizo lo propio su libro de cuentos El orden de la soledad, publicado también por Revuelta. Nos acompañaron, como comentaristas de los libros, Gabriel Ruiz-Ortega y el poeta José Miguel Herbozo.

Sobre el evento, más detalles en los blogs de Ruiz-Ortega y Vivar.

(En la imagen, de izquierda a derecha: Vivar, Ángeles, Ruiz-Ortega y Herbozo).

lunes, 19 de enero de 2009

ENTREVISTA EN SIGLO XXI SOBRE LA LINEA EN MEDIO DEL CIELO


“Me cuesta ver el pasado como una categoría cerrada y conclusa”
Francisco Ángeles, escritor

por Gabriel Ruiz-Ortega

Francisco Ángeles (Lima, 1977) es hoy por hoy una de los primeros referentes de la camada de nuevos escritores peruanos. Es conocido también por ser el director de Porta 9 (www.porta9.com), uno de los portales literarios más visitados de Latinoamérica. Su buena novela, LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO (Revuelta Editores, 2008), viendo siendo muy reseñada, comentada y publicitada. Este libro nos brinda lo que pocas veces vemos: la lectura y relectura que nos regresa a sus páginas para ser parte de la paranoia onírica de sus protagonistas sumergidos en el más absoluto de los desconciertos y desarraigos.


Por lo general, cuando un narrador debuta, lo hace, casi siempre, con un libro “lineal”...
Hubiera sido contradictorio escribir este libro de manera lineal, puesto que hubiera tenido que renunciar a lo que a grandes rasgos es el tema principal de la novela: la imposibilidad de encontrarle un sentido, cierto orden, cierta coherencia, a la experiencia. Lo lineal explica, demuestra, pone en evidencia relaciones de causalidad, tal cosa viene de tal otra, primero está esto y después lo otro, etc. Yo no veo la realidad de esa manera secuencial, y por eso mi novela tampoco. Me cuesta ver el pasado, por ejemplo, como una categoría cerrada y conclusa. El tiempo sigue siendo algo misterioso, y ese artificio de ordenar los hechos en secuencia no me lo permito. Todo es en cierto sentido simultáneo y resulta imposible delimitar temporalmente cualquier suceso si uno no quiere traicionarlo por algún lado. Todo el tiempo ocurren eventos de los que por el momento no somos conscientes, pero que quizá más adelante van a encontrarse con nosotros, de la misma manera que no se puede ubicar el origen exacto de lo que está ocurriendo ahora. Entonces, al empezar la escritura de un texto, podríamos preguntarnos cómo ordenar esos eventos, pero también podríamos preguntarnos para qué ordenarlos. Y la respuesta, al menos la mía, ha sido ser fiel a esa aparente ilógica: no inventar un ángulo desde el cual los hechos sean legibles y unívocos, y narrar desde allí, ya que ese ángulo y esa legibilidad serán finalmente ilusorios, sino encontrar una estructura que represente lo mejor posible la misma dificultad de ordenar los datos, la misma dificultad de entender qué ha sucedido y cómo es que uno ha llegado a la situación a la que ha llegado. Y también para despertar en el lector con la mayor eficacia que pueda esa sensación de desconcierto o asombro que produce cualquier relato si lo vemos como una suma de causas y consecuencias imposibles de determinar.

Me imagino que en el proceso de escritura, el gran desafío fue el que todos los detalles calzaran, se nutrieran entre sí. Al punto que el lector también está llamado a realizar su propia estructura...
Voy a responder con un ejemplo: no es tan simple como que quiero decir A, pero digo B porque en el fondo B significa A y porque diciendo B quedo como más capaz o más inteligente. Eso sería absolutamente gratuito, fatuo e inútil. El texto es tal cual es no porque quiera encubrir lo que en el fondo quiero decir para parecer mejor escritor del que realmente soy, sino porque permite llegar a una buena cantidad de interpretaciones que, en última instancia, demuestran el presupuesto de la novela: no hay una lectura única de una determinada historia. Más o menos como en la realidad: hay tantas versiones como testigos. En cuanto a la estructura, es el elemento textual que más me interesa como generador de significado, de producirlo y de sugerirlo. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto. Y no solo lo altera sino que puede enriquecerlo hasta lugares insospechados. Y elegí la paranoia como tema porque me parece que es la consecuencia natural de ser incapaz de leer los hechos de manera única, tal cual sucede en la realidad, sobre todo en una época de virtualidad, publicidad, marketing: si alguien es quien dice ser, la diferencia entre lo que es y lo que parece, etc. Llegué a esa estructura como consecuencia, no por una distorsión o por malabar técnico o por onanismo formal. De ahí la dificultad de resumir la novela y que el libro tenga una historia que es varias historias. De eso se trata: todo es una misma historia, desde un pequeño y retorcido romance hasta un contexto político de dictadura. Solo hay que descubrir por dónde.

En comentarios y reseñas que he leído sobre LA LÍNEA EN MEDIO EN MEDIO DEL CIELO, se sugiere que el escenario en el que esta se desarrolla le debe mucho al ambiente que se vivió en la dictadura de Fujimori...
El punto de partida para la novela fue mi experiencia como estudiante en San Marcos en la etapa final de Fujimori, así que es hasta cierto punto normal que alguien haga referencia a ella si escribe un comentario sobre este libro. Pero es sólo un punto de partida, ya que la novela no presenta un retrato ni de la época ni de las circunstancias concretas que se vivieron en ese primer semestre del año 2000. Partí de esa experiencia y la reelaboré hasta que no sólo no queda casi nada de ella, sino que tampoco pretendo que le haga eco o que se lea bajo ese contexto, como si la novela fuese una parábola o una metáfora de la misma. Lo de Fujimori fue un punto de partida para mí, pero no creo que tenga mucha importancia para el texto.

A medida que corremos las páginas, nos enteramos que estamos ante un cuaderno que nos ofrece las vetas en las que se desarrolla la historia. Entonces, el crimen que se nos cuenta en la primera página es solo un eslabón perdido, porque se pudo empezar con otra escena (por ejemplo: el coleccionista de fotografías), lo que me lleva a afirmar que estamos ante una novela canalizada por los instintos del narrador de la historia.
Inicialmente, podría estar de acuerdo en que la novela pudo empezar con otro episodio. Tomo lo que dices como un elogio, ya que ésa era la sensación que quería transmitir: la historia, la de estos personajes o la de cualquier persona, no empieza y no termina. Ni siquiera podemos decir que empieza con el nacimiento o termina con la muerte, porque uno viene determinado por un contexto y a su muerte deja consecuencias, a veces decisivas, en otras personas, por decir algo más o menos obvio. En ese sentido, para contar una historia X podríamos partir aleatoriamente por cualquier lado. Cuando el inicio de la novela dice “La primera línea podría ser el hotel” se está planteando este problema: ¿cómo darle un inicio a algo que, por definición, no lo tiene? Sin embargo, ya para la novela en cuanto texto literario, estoy seguro de que no podía empezar en otra parte. No hubiera tenido el mismo efecto, no se hubieran despertado las mismas resonancias ni se hubieran encendido nuevas luces sobre lo narrado anteriormente si estructuraba el relato de otra manera. Es cierto que hay una historia inasible, como todas las historias, y que he querido que no deje de ser inasible en la escritura, pero también es cierto que la disposición de los fragmentos ha respondido al intento de potenciar las posibilidades de dicha historia y fortalecer el presupuesto inicial.

Ubico la novela en la tradición del absurdo, en contenido; pero esta le debe mucho al cine en cuanto a soporte. Este cruce dota a la narración de una rara belleza, a lo INLAND EMPIRE de David Lynch...
Discrepo en lo de la tradición del absurdo, a pesar de que entiendo perfectamente que podría ser un elogio. Pero sí estoy de acuerdo en que la novela le debe mucho al cine. Todos los que escribimos vemos películas y todos quienes leemos también. Entonces no le veo mucho sentido mantenerlo en un estanco distinto, y tampoco pensar que si uno hace referencia o se ve influenciado por el cine queda vinculado a una estética pop, por ejemplo. Sobre INLAND EMPIRE, no la he visto, he esperado y sigo esperando que la estrenen en cartelera, a pesar de que me pica la mano para ponerla en la versión pirata que tengo guardada. Pero hay otra de Lynch que para mí es fundamental para la novela, MULLHOLLAND DRIVE, una obra maestra absoluta y una demostración de lo que creo debe ser el cine, o lo que me gustaría que fuese más a menudo. Pensé que la mayoría que leyera mi novela la iba a ver como una de las influencias, pero me sorprendió que nadie la mencione. Igual ha pasado con otros referentes no estrictamente literarios que considero muy importantes para la novela, sobre todo para el marco en el que se inscribe: Jacques Lacan en primer lugar, pero también el Breton teórico, del que incluso tomo el epígrafe.

En cuanto al lenguaje, me parece acertado que este haya sido funcional, empero, ¿crees que la novela hubiera perdido brío y contundencia si empleabas un lenguaje “trabajado”, “edulcorado”?
Hay un par de cosas allí: por un lado, creo que no ésta sino cualquier novela pierde fuerza cuando se trabaja con un lenguaje edulcorado, que usualmente es una máscara para tapar el vacío o maquillar los estereotipos. Y lo otro es que el lenguaje trabajado se identifica con la frase bonita, la imagen, el ritmo, etcétera, lo que es un error. Hay muchas maneras de escribir bien, sólo que una está más o menos estandarizada y se acepta como paradigma. Por otro lado, quizá la gente quiere demostrar que escribe “bien” antes que hacer buenos libros. O, con más seguridad, son incapaces de escribir esos buenos libros o al menos de intentarlo. Y entonces deciden al menos escribir bonito. Y en realidad estamos valorando si uno escribe o no dentro de la norma con cierta eficacia, más allá de lo que tenga que proponer, que usualmente no es mucho. Así que el lenguaje de esta novela, que dicho sea de paso he trabajado mucho, no es una apuesta ad hoc para este libro, sino que es mi apuesta como lector, y en consecuencia, como escritor.

Una de las lecturas que se le viene dando a la novela es que el ambiente recreado se alimenta de la dictadura fujimorista. Supongamos que sea así. Entonces lo que puedo ver es también una crítica muy solapada al ánimo posero de algunos grupos de estudiantes que protestaban contra esta dictadura, de que esta fue un pretexto para ciertos desfogues. Por ejemplo: el grupo de conspiradores que no son tales, sino que pareciera que fueran jóvenes muy aburridos con la rutina.
Sí, eso es verdad, hay una crítica a la pose de gente que iba a la marcha a hacer hora o para sentirse muy comprometida o con conciencia social o lo que sea. En una época vi que ir a las marchas era estar “in”. Pero visto por separado, eso es un detalle, una nota casi al margen de la novela, no creo que sea un aspecto esencial. Lo importante sería, creo, ver cómo funcionan esos supuestos conspiradores o activistas o simples poseros dentro del universo del libro, cuál es su papel, para qué me sirve que sean así.

De todas las interpretaciones que se le ha dado a la novela, ¿cuál es la tuya?
Sería medio tramposo dar mi propia lectura. El texto está ahí y la mía es tan poco importante para ella que espero olvidarla pronto. Por otro lado, no pretendo que la novela sea un acertijo, sino una fuente de significado que cada quien puede interpretar como mejor le parezca. Y sobre las interpretaciones que le han dado, me gusta que existan, y las leo o escucho con placer. Eso sí, no me gusta que se diga que algo es de tal forma, y decirlo como una verdad absoluta, cuando en realidad se está haciendo una interpretación muy personal. Por ejemplo, Javier Ágreda dijo que es evidente que al final de la novela el personaje del viejo está en un manicomio, cosa que jamás en la vida se me había ocurrido y que espero sinceramente que nadie más haya supuesto. Al menos creo no haber dejado ninguna pista que permita pensar algo así.

¿Lo siguiente que leamos de ti seguirá esta ruta ya recorrida?
Habrá elementos que se repiten: la paranoia, la imposibilidad de comprender la realidad, la estructura como elemento esencial del texto. Pero con esos elementos me gustaría llegar a algo bastante distinto. No quiero escribir la misma novela mil veces, pero sí ser fiel a mi propia idea de literatura. Puedo escribir tres o siete o veinte libros en mi vida, y además de una anécdota, de una mirada sobre la realidad, etc., tengo claro que todos deben ser un ejemplo del modelo de lo que yo creo que es la literatura, una manera de defender, lo mejor que pueda, ese modelo. Ahora estoy empezando a escribir una nueva novela cuyo pretexto, digamos, es un universo que conozco bastante de cerca y bastante bien: las carreras de caballos. En las carreras de caballos está contenida la vida completa. Primero lo obvio: alegrías, triunfos, fracasos, enfermedad, muerte. Pero también lo menos evidente: el componente del azar, que ahí es más visible e incluso decisivo; la necesidad de decidir cada vez que te acercas a la ventanilla a comprar unos boletos, y de acertar o equivocarte y enterarte pocos minutos después; las múltiples posibilidades de procesar o interpretar la información que te ofrece un programa de carreras. Y también sus oscuridades, sus zonas ilegibles, que finalmente es lo que más me interesa: qué es nuestra responsabilidad y qué no, qué fuerzas tenemos bajo nuestro control y qué escapa. Los caballos permiten reflexionar sobre todos los aspectos de la vida, si es que uno sabe mirarlos. Pero eso es sólo el punto de partida para desarrollar una historia que probablemente no tenga nada que ver con los caballos y mucho con la política. En eso estamos.

Entrevista publicada en el diario español Siglo XXI el lunes 19 de enero de 2009

lunes, 5 de enero de 2009

PORTA9 EN PERU21 Y LA REPUBLICA


Off topic: dos noticias sobre Porta9 han aparecido en los últimos días en la prensa nacional. Hoy en Perú21, la página web que tengo a mi cargo ha sido elegida como el mejor blog peruano en la categoría Literatura.

En las otras ocho categorías han resultado ganadores Pospost (Miscelánea), Arturo Goga (Tecnología), Útero de Marita (Política), Henry Spencer (Videoblog), Cinencuentro (Cine), Hojas de vida de Heduardo (Humor), De princesas y muertes (Gay-lésbico) y el blog del congresista Gustavo Espinoza Soto (Personales). Pueden ver la nota aquí.

Y en el suplemento Domingo del diario La República, el poeta Rafael Robles tuvo la buena idea de hacer un reportaje sobre cuatro blogs que consideró de especial de interés. El elegido dentro de los blogs literarios fue Porta9. La nota completa aquí.

domingo, 4 de enero de 2009

ENTREVISTA EN CORREO SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


Travesías oníricas

por Carlos Sotomayor

Francisco Ángeles se hizo conocido en el ciberespacio a través del concurrido Porta9. Ahora nos presenta su primera novela, La línea en medio del cielo (Revuelta editores, 2008), un libro que nos revela a un autor original que no le rehúye a los riesgos formales.

¿Cómo surge la idea de la novela?
La idea inicial era retratar un momento propio, pero sólo el momento, no la circunstancia. No quería hacer algo autobiográfico, pero sí representar el momento de la época final de la dictadura de Fujimori. Y mi sensación era la misma del protagonista, es decir, la de un tipo que está absolutamente indiferente con el contexto, que no le importa lo que está pasando y tampoco tiene mucha noción de qué es exactamente lo que pasa. Yo quise hacer una indagación, pero tratando de dar una respuesta a cuál era el punto de contacto entre lo que estaba sucediendo en la política y mi propia vida. Porque para mí también había sido un año duro, muy convulso, me pasaban muchas cosas y yo no entendía bien cómo era.

Si bien la trama está enmarcada por una atmósfera política, no se trata para nada de una novela realista.
Sí, la plantee exactamente así, yo no quería que fuera una novela realista, por varias razones. Por un lado, por una apuesta estética. Pero, además, no llega a hacerse un retrato fiel por que yo quería que la novela fuese un reflejo de cómo yo veía en esa época la situación política. Y yo la veía así, de manera fragmentada, porque lo escuchaba de mis amigos que sí estaban interesados en el tema e iban a las marchas y trataban de despertar en mí una conciencia política, pero no lo consiguieron nunca. Yo pensé que eso sí se podía representar y que podía salir una novela con una lógica propia.

La línea en medio del cielo es suceptible a múltiples lecturas...
He recibido varios tipos de interpretaciones. Y ninguna es la que que yo tenía exactamente en la cabeza, pero sí me parece interesante que las haya. También me parece interesante que se hayan fijado en el título de la novela, y que me pregunten por él.

El protagonista busca un sentido para su existencia a través de la escritura de un cuaderno.
Más allá de lo que le pasa a los protagonistas, sí quería dejar marcado lo que para mí ha ha sido la escritura en aquella época. Una época en la que, como mucha gente joven, creía en esa idea romántica de la literatura como un espacio de salvación, de redención. Y, además, de búsqueda de sentido de las cosas que van pasando. Y me refiero a un sentido más literal, no sólo para qué sirve tal cosa, sino qué es exactamente lo que ha pasado.

Otro elemento interesante es la ambigüedad que subyace a la novela.
Sí, la ambigüedad está presente. Por eso me parece curioso que algunas personas que me han comentado sobre el libro puedan ver eso como una falla. Es como si lo político, la dictadura, si no están representados a lo Vargas Llosa estaría mal. Yo creo que no, entonces me gustaría que lean la novela como lo que es. Como que todavía está muy fuerte la idea del realismo, como una vertiente ideal, superior.

Leyendo la novela advierto la influencia de Bellatín. ¿Qué otros autores han sido referenciales?
Sí, para este libro reuní a un grupo de obras que no son necesariamente las mejores que he leído, pero sí las más interesantes por algunos elementos en concreto. Y entre esos libros están, sobre todo, uno de Bellatín y uno de Piglia: Salón de belleza y Respiración artificial. Pero no sólo ellos, también hay cosas de Tabucchi e Ishiguro, que es un escritor que me gusta mucho.

DATO
Francisco Ángeles (1977) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es coeditor de la revista de literatura El hablador y director del portal Porta9 (http://www.porta9.com/)

Entrevista publicada en el diario Correo el domingo 4 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009

LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO EN LA REVISTA SOMOS



En medio de una densa atmósfera política, los personajes de Francisco Ángeles se desenvuelven sin saber definitivamente cuáles son los elementos de la realidad y cuáles son los del subconsciente que aflora en los sueños. En medio de una realidad cuyos límites semejan la bruma de cada escena, aparecen grupos de conspiradores que a la luz de los hechos no lo son, un médico que habla de desaparecidos antes de desaparecer él mismo y un hombre que apura el paso del tiempo mientras almacena en la calidez de su corazón fotografías que no remontan a mayor pasado. Una aventura donde lo real e imaginado componen una naturaleza disímil y, a la vez, exacta.

Publicado en la revista Somos del diario El Comercio el sábado 3 de enero de 2009

viernes, 2 de enero de 2009

LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO EN LOS RECUENTOS DE LO MEJOR DEL AÑO


A pesar de haber sido publicada durante él último mes del año, lo que usualmente impide a los libros ser considerados en los clásicos recuentos anuales, La línea en medio del cielo ha sido mencionada en todos los textos que dan cuenta de lo mejor de la producción literaria peruana de 2008 en los diarios nacionales: el de Alonso Cueto en Perú21, Pedro Escribano en La República, Ricardo González Vigil en El Comercio y José Guich Rodríguez en Correo, quien considera a esta primera novela como la "revelación del año".

Además, La línea en medio del cielo ha sido considerada entre las mejores novelas por los blogs La fortaleza de la soledad de Gabriel Ruiz-Ortega y Letra Capital de Carlos Sotomayor. Ruiz Ortega dice que esta novela breve "se abre a distintas interpretaciones" y "posiciona a su autor como el más original de la camada de nuevos narradores peruanos".

Por su parte, Carlos Sotomayor señala: "aplaudo su riesgo, el de buscar una novela singular, con una multiplicidad de lecturas".

Y ya que estamos con los blogs, aunque no fue en un recuento, Gustavo Faverón en Puente Aéreo, escribió sobre esta novela: "un libro rápido, inteligente, escrito a la sombra de árboles mayores, como el de Piglia, sobre todo, y parcialmente dentro de un territorio que no es el más frecuente en nuestra tradición, el de la narrativa de ideas".

A todos los que consideraron a La línea en medio del cielo entre los mejores libros del año, va mi sincero agradecimiento.

martes, 30 de diciembre de 2008

ENTREVISTA EN EL PERUANO SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


por José Vadillo

Una perspectiva del mundo
Novela explora aspectos como la paranoia y el mundo interno

Francisco Ángeles (Lima, 1977) explica así el nacimiento de La línea en medio del cielo (Revuelta), su primera novela, que desde 2000 tenía planeada, pero que, finalmente, con pausas largas, terminó publicando este año.

¿Hubo algunas influencias directas para elaborar esta novela?
He hecho una suerte de pequeños homenajes a libros como Salón de belleza, de Mario Bellatin; Respiración artificial, de Ricardo Piglia; Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi; y Un artista del mundo flotante, de Kazuo Ishiguro; y todos los libros de Kenzaburo Oé, que tienen una pasión desbordante. Todas esas referencias tienen sentido dentro del texto en sí.

Cada escritor se forma un lector ideal. ¿Cuál es el tuyo?
En realidad, un lector ideal es uno mismo. Pero pienso en los jóvenes porque leen más que los adultos.

¿Qué representa la obsesión del personaje Ignat por mostrar fotografías a gente que luego la deja de lado?
Es una manera de ver cómo el contexto te puede ir absorbiendo. En mi caso, cuando ingresé a San Marcos, era una época convulsa, con mucha gente metida en la política. En 2000, se dieron muchas marchas contra Alberto Fujimori y a mí no me interesaba nada. Pero de alguna manera esa realidad impactaba en mi mundo interno.

Hablabas que buscas ir contra la tradición...
Vargas Llosa decía que la realidad es ilegible y que la novela le daba coherencia. Deseo representar más o menos la realidad tal cual, con las cosas que suceden y que uno no entiende, con un texto legible y coherente. Por ejemplo, la paranoia es un tema que me interesa mucho.

Y el tema del “escribir bien” te incomoda.
Hace años que le tengo bronca a eso de escribir bien y bonito, aparecen por montón escritores que tienen su estilo, con ritmo, pero al final eso no vale nada. Me parece que la narrativa peruana, en su mayoría, ha sido tan mala que nos conformamos con valorar lo bien escrito, aunque no diga nada ni tenga perspectiva del mundo.

¿De quiénes te interesa la forma en que escriben?
El poeta Mario Montalbetti dice que siempre hemos escrito con la lengua y no contra la lengua. Es momento de hacerlo. Alguien que escriba de acá a 15 años no dirá: Los árboles que se mecen suavemente; eso ya no corre. Mi segunda novela tendrá que ver con eso.

Datos
Francisco Ángeles es coautor de los web colectivos Porta9 (www.porta9.com) y El Hablador (http://www.elhablador.com/).

Publicado en el diario El Peruano el martes 30 de diciembre de 2008
Imagen: El Peruano

ENTREVISTA EN EXPRESO SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO

por Tomacini Sinche


El joven escritor y periodista acaba de debutar literariamente con la novela corta La línea en medio del cielo (Revuelta Editores).

Tus amigos ya pensaban que esta novela era una fantasía tuya y que el libro no existía, ¿cuánto te ha tomado elaborarla?
He convivido con el libro unos ocho años, desde que tuve la idea inicial hasta que me senté a escribirla. En todo este tiempo estuve tomando notas, pensando en la estructura precisa y hasta haciendo dibujos que me ayudaran a tener claro el concepto de lo que quería plasmar. Luego, escribir la obra me tomó tres meses aproximadamente, debido a que ya tenía bien claras las cosas.

La línea en medio del cielo está dividida en dos partes muy diferentes, ¿esto no provoca un desbalance en el lenguaje?
La primera parte está muy corregida porque quería que posea una estructura fragmentada, pero caóticamente legible. La segunda parte es más lineal y más sencilla de leer, y fue más fácil de escribir, ciertamente. Hay un desbalance en el lenguaje, claro, pero es intencional. Si me das a elegir, te diré que me gusta más la segunda parte, porque no quería hacer un libro lleno de un lenguaje rimbombante, lo cual normalmente oculta la falta de ideas o la carencia de una buena historia. En suma, el lenguaje debe estar al servicio del libro y no para que brille demasiado, pues estaría sobrando.

Tu protagonista ignora lo que le va pasando a su alrededor, ¿por eso escogiste llamarlo Ignat?
Verdad, fíjate que no lo había pensado así, pero tienes razón. Ignat suena a ignorante y exactamente él es un personaje ido, que no sabe por dónde viene la mano o no la ve venir. Cree que está en control de las cosas, pero en realidad no es así. Ignat es Ignacio en ruso y lo escogí porque quería un protagonista con un nombre distinto, que no sea castellano. Ese nombre me gustó mucho e incluso un editor quiso cambiarlo a Ignacio y me negué, por lo que no publiqué con su editorial.

¿Qué buscas con esta novela?
Me interesa mucho que el libro sea una propuesta literaria, es decir, quería representar la imposibilidad de poder comprender las cosas que van pasando en la realidad, dándole un poco la contra a una idea de Mario Vargas Llosa –salvando las distancias– quien dice que la realidad es ilegible y que literatura trata de volverla entendible o comprensible.

¿De qué se nutre tu obra?
El personaje Ignat tiene algunas cosas mías, como la poca conciencia política frente a lo que sucede en el entorno, el cual no entendía muy bien que digamos, ni qué me interesaba conocer realmente en la época de la universidad. Si bien mi grupo de amistades estaba muy metido en lo político, contra Fujimori y todo eso, yo estaba al margen. En la novela busco plasmar esa apatía y distancia frente al entorno, sensación que tuve. Además, el libro toma forma cuando el tema político se mezcla con otro tema que me interesaba: el de la muerte, que me atraía mucho. A esto se sumó una paranoia asfixiante que percibí en un trabajo que tuve.

¿Y piensas en un lector?
Me gustaría tener un lector que sepa valorar el libro como una propuesta distinta y como un riesgo. Un lector que busque leer al escritor más que al argumento en sí mismo.

Finalmente, ¿cuál es tu próximo proyecto?
Estoy pensando en una nueva novela que me debe tomar un par de años. Quisiera que esta obra represente a la época de internet, sin dejar de lado la paranoia.

EL DATO
Ángeles (Lima, 1977) estudió Literatura en la UNMSM. Actualmente es coeditor de la revista de literatura El Hablador (www.elhablador.com) y es director del portal literario Porta9 (http://www.porta9.com/).

Publicado en el diario Expreso el martes 30 de diciembre de 2008

lunes, 22 de diciembre de 2008

JAVIER ÁGREDA SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


por Javier Ágreda


El crítico y escritor Francisco Ángeles (Lima, 1977) se ha hecho conocido a través de medios “virtuales” como la revista El Hablador y el novedoso portal literario Porta9, que él dirige y para el que ha entrevistado a los más importantes escritores de todo el Perú. El salto a la palabra impresa (todavía imprescindible) lo acaba de dar con su primer libro La línea en medio del cielo (Revuelta, 2008), una novela corta pero compleja, en la que el contexto real se confunde constantemente con las obsesiones y fantasías de Ignat, el paranoico protagonista de esta ficción.

Ambientada en un país innominado, que remite al Perú de los peores momentos de Fujimori, la narración tiene como eje la historia de amor de Ignat y Virginia, aunque esta historia no es presentada de una manera fragmentada y elíptica. Virginia además forma parte de un extraño grupo de activistas políticos, junto con Zeta, “el hombre de las patillas” y “el hombre de las gafas”. Hay mucha violencia y represión, asesinatos y desapariciones (especialmente en los primeros capítulos), que crean una atmósfera opresiva de inseguridad y desconfianza. Para Ignat, todos, incluyendo a Virginia, son siempre sospechosos de espionaje y dobles juegos.

En paralelo a esa historia se cuenta otra, también con personajes bellatinianos como “el joven de la cabeza rapada” y “el viejo que escribe”. Este último está encerrado en un manicomio, obsesionado con la muerte, y escribe compulsivamente y sin ningún orden en un cuaderno usado. No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que ese viejo es en realidad Ignat, y que el resultado de su escritura es la novela que estamos leyendo. Las dos líneas narrativas se complementan bien y logran integrar aspectos como el contexto político y las obsesiones personales, la acción y la reflexión, la realidad y la ficción.

Sin embargo, la novela presenta algunos defectos y problemas. La brevedad impide el adecuado desarrollo de personajes y situaciones (por ejemplo, Ignat tiene dudas acerca de Virginia desde el primer momento, pero pronto se casa con ella); hay también un exceso de ambigüedad e indefinición en todo el relato (los personajes nunca ven claramente, solo “vislumbran” las cosas) y, principalmente, una prosa demasiado pobre, áspera y falta de precisión. La línea en medio del cielo presenta a Francisco Ángeles como un narrador inteligente y original, pero al que aún le falta trabajar mucho todo lo relativo al lenguaje, el elemento más importante de la obra literaria.

Publicado en el diario La República el lunes 22 de diciembre de 2008

domingo, 21 de diciembre de 2008

JOSE GUICH SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


por José Guich Rodríguez

Las opciones narrativas del común de escritores noventeros -aquellos nacidos durante la década de 1970- parecían haberse saciado de malditismo estridente e ingenuo, sin mayores alcances estéticos ni placer por el riesgo. Ya había una saturación empalagosa de sustancias tóxicas, animales seccionados, piercings, sexo duro y grandulones que jugaban a ser los amos de su propio reino hedonista y disfuncional. De ese periodo quedan, naturalmente, pocas obras que se precien de un altar decoroso en los templos del sistema.

Francisco Ángeles Menacho (Lima, 1977) ha sabido distanciarse con prudencia de semejantes mamotretos y propone otros frentes de batalla con su novela corta La línea en medio del cielo (Revuelta Editores, 2008). Formado en la Universidad de San Marcos, Ángeles ejerce el periodismo y la crítica en diversos medios, tanto físicos como virtuales. En tiempos recientes, animó el blog Porta9, uno de los más visitados y polémicos.

La apuesta de La línea en medio del cielo se nutre de ambigüedad. Es un mérito que la escritura del texto no se precipite en truculencias o densidades sólo para iniciados, a pesar de esa rara atmósfera de verdades a medias. A partir de tales premisas, Ángeles traza la historia de Ignat y Virginia, cuyas identidades son un misterio sin solución. La novela, en sí, se erige como enigma en cuanto a la realidad que viven los personajes; ella se intersecta permanentemente con lo irreal o con una sensación de que nada ha ocurrido: todo es ilusión o magma ficcional que busca su cauce. Las deudas con el Ricardo Piglia de Respiración artificial se anuncian sin pompa o cálculo efectista -otro logro del autor-. No obstante, aún es posible bruñir el fraseo y evitar breves descensos en el estilo que, en rasgos generales, cumple con sus objetivos de manera solvente.

Corren inéditas brisas en las novísima literatura peruana. Los jóvenes se animan a liquidar las manías estereotipadas. Y Ángeles aspira a ser eje de ese cambio. Es justo y necesario.

Publicado en el
diario Correo el domingo 21 de diciembre de 2008

viernes, 19 de diciembre de 2008

MARTÍN PALMA MELENA SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


por Martín Palma Melena

¿Recuerdan la película El laberinto del fauno (España-México, 2006)? El contexto histórico nos remite a algún pueblo español en 1944: a sólo cinco años de finalizada La Guerra Civil… En aquella historia, Carmen (Ariadna Gil) viaja a ese lugar para encontrarse con su nuevo esposo, Vidal (Sergi López), un oficial sanguinario y franquista y destacado allí para acabar con los últimos remanentes republicanos aún existentes en los montes de esa región. A Carmen la acompaña su hija, Ofelia (Ivana Baquero), una niña con gran imaginación y sensibilidad.

II
Al ser todavía muy joven, Ofelia si no comprende sí siente con mucha nitidez toda la crueldad en ese nuevo ambiente. A ella esa crueldad le resultaría intolerable, de procesarla en toda su crudeza, pero debe procesarla de alguna forma…Por tanto, desde mi particular interpretación, a lo largo de toda la cinta, se nos muestra un universo fabuloso por el cual nuestra pequeña protagonista se las ingenia: para decodificar una realidad eventualmente ya insoportable en toda su desnudez; para representarla mediante personajes fantásticos o hasta monstruosos pero al menos mucho más digeribles y manejables por un niño…Pero ojo: Ofelia no es una alienada; sólo potencia al máximo recursos utilizados por cualquier menor para protegerse de un mundo hostil que desequilibraría emocionalmente a cualquiera no preparado.


III
En la novela La línea en medio del cielo, existe un protagonista llamado Ignat, quien me recuerda mucho a Ofelia…Ignat vive en una ciudad no identificada y casi atemporal, aunque no carente de conflictos fácilmente asociados con los de una ciudad como Lima; conflictos percibidos como ecos lejanos dentro del mundo interior de aquel muchacho.En este libro, muchas cosas terminan siendo muy diferentes de cómo inicialmente las habíamos entendido, por ejemplo: el personaje de Ignat y el del anciano son originalmente dos seres distintos y comparten un mismo tiempo y espacio; sin embargo, ambos hombres después parecen uno solo aunque el más viejo acaba convertido en un narrador muy posterior a la historia del más joven; empero, Ignat y el viejo podrían ser también una misma psiquis algo esquizofrénica y desdoblada en dos personalidades que permanentemente están dialogando entre sí.


IV
No obstante, pienso, esta ficción se esclarece no cuando intentamos hilvanar la alterada lógica de Ignat; se esclarece cuando nos entendemos cual simples testigos de cómo Ignat desde su subjetividad está decodificando y dándole significado a una realidad ya insoportable en bruto. Este personaje tiene en sus narices a un mundo que quizás se le está hasta desmoronando y del que sólo vislumbramos algunos indicios: por una parte, un ambiente opresivo y hasta policiaco; por otra parte, revueltas sociales; por otra parte, personas que no inspiran confianza y que podrían estar asumiendo identidades falsas para vigilar y espiar…Sí: el muchacho podría ser un paranoico bajo un régimen totalitario cuya atmósfera estaría muy enrarecida…

Sin embargo, si Ofelia se vale de sus fantasías infantiles, Ignat se vale de teorías conspirativas y conjeturas desvariadas: para diluir la densidad de un entorno amenazante y no comprendido quizás cabalmente pero sí sentido muy intensamente; para convertir a un mundo convulsionado y asfixiante y hasta horroroso en uno solamente misterioso e intrigante que filtre a la realidad solamente en dosis aceptables… En otras palabras, si la realidad nos resulta ya intolerable, siempre podremos aprehenderla mejor mediante alguna narrativa (sea ésta del género que sea): esto hace Ignar con sus especulaciones sobre supuestos o verdaderos espionajes y seguimientos policiales; esto hace Ofelia con sus fábulas entre infantiles y fantásticas…Sin embargo, de una u otra forma, la realidad siempre se las ingenia para embestir a Ignat.

V
Y bajo está lógica, ¿qué sería la línea en medio del cielo? El cielo representaría la afiebrada subjetividad del protagonista (quien parece vivir en las nubes); representaría no exactamente un mundo idealizado o bello sino un mundo más bien reelaborado y sesgado y matizado con claroscuros aunque aun así más atenuado en relación al mundo real (el cual no espanta sino únicamente angustia, porque precisamente está latente y nunca llega a irrumpir plenamente).En dicho cielo, la línea sería esa fisura que no deja de ensancharse y por la que la realidad de todas formas siempre está filtrándose a cuentagotas y causando por eso permanente ansiedad; realidad que el lector debe estar constantemente imaginándola y reconstruyéndola por muchas pistas dejadas en la ficción…

No obstante, esta novela vale más por lo que nos sugiere y no tanto por lo que nos dice; nos invita a los lectores a escribirla sea complementándola o sea acabándola…¿Habré interpretado correctamente el título de esta novela? Ya eso lo dirá el autor, Francisco Ángeles.

Publicado en Carta Náutica el viernes 19 de diciembre de 2008

jueves, 18 de diciembre de 2008

ENTREVISTA EN CARETAS SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


El director del visitado portal literario Porta9, Francisco Ángeles, entrega su primera novela

Por Juan Carlos Gambirazo

La enajenación de un personaje y su relación con gente a la que jamás llega a conocer realmente, en el contexto de un gobierno que manipula a la población, es el ambiente en el que gira La línea en medio del cielo, la primera novela de Francisco Ángeles bajo el sello de Revuelta Editores. Aquí una breve conversación con el autor, influenciado según propia confesión por Fuguet, Bellatin y Kenzaburo Oe.

Hay en este libro un trasfondo político tenue, un paralelo que nunca llega a tomar peso...
La gran idea de la novela es no entender la realidad, verla en un contexto ilegible, como un juego de máscaras que van cambiando. Quise representar un poco el asunto político, pero no quería hacer una novela realista, tradicional. Quise ser fiel a cómo yo veía en esa época el tema.

¿Cuándo empezaste a escribir el libro?
En el año 2001. La idea era retratar de alguna forma una época que yo viví en el año 2000. Fue un año raro y bastante convulso internamente. Muy concentrado en lo mío, no veía nada más allá de la gente que me rodeaba, que eran pocos. Mis amigos participaban en las marchas contra el gobierno y yo estaba en otra. Entonces quise indagar cuál era el punto de contacto entre esa realidad macro que era la etapa final del mandato de Fujimori y mi vida.

Paralelamente a la creación, tienes también otras vinculaciones con la literatura.
Tengo una página web colectiva de literatura, se llama Porta9. Somos diez personas. Este año hice cerca de 40 entrevistas en video. Reseñamos uno o dos libros a la semana, casi siempre peruanos y actuales. Visité cuatro ciudades buscando escritores: Trujillo, Arequipa, Chimbote y Cusco.

¿Qué otras publicaciones estás preparando?
Espero publicar en el 2010. Me interesa mucho lo que es internet como cambio cultural. Sobre esta novela me han dicho que es bastante cerebral. Yo no quise hacerla exactamente así, me hubiese gustado que tenga algo de corazón.

Entrevista publicada en la revista Caretas el jueves 18 de diciembre de 2008

sábado, 6 de diciembre de 2008

JEREMÍAS GAMBOA SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


TEXTO DE PRESENTACIÓN. FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA.

“La primera línea podría ser el hotel”, señala, en la primera línea, el elusivo narrador de la primera novela de Francisco Ángeles, La línea en medio del cielo. Podría ser el hotel, sí, en donde ha habido un crimen de proporciones que le da al lector la sensación de entrar en una corta y trepidante novela policial, pero podría también ser una banca solitaria, la escena de una boda, una conversación en un local de bailarinas, un cielo estrellado o un chico mirando fotografías. O cualquier cosa. En el mundo de ficción de Ángeles cada línea es como un salto al vacío, cada línea podría ser cualquier cosa y todas porque aparentemente, en el desarrollo de los hechos de este libro, todo es intercambiable, nada esta fijo, todo puede mutar de un momento a otro.

¿Y entonces porque la primera línea “es” el hotel? Simplemente porque alguien lo decidió así; alguien, nunca sabremos con total certeza quién, decidió empezar así ese cuaderno de notas que parece abrirse ante nuestros ojos y que señala una serie de escenas, personajes, atmósferas que se suceden en un clima de ensoñación y asombro. El propio cuaderno lo señala en la página 87 del libro: “El cuaderno era la única historia, la única verdadera y la única posible. Todo estaba allí, en ese entrecruzamiento que comenzaba y recomenzaba infinitas veces, en esos episodios superpuestos que ya no se podían desligar unos de otros”.

De modo que estamos ante un cuaderno en el que alguien señala que la primera línea podría ser un hotel. Y lo es, y en él ha habido un brutal crimen. Desde entonces, como en un viaje onírico que nos lanza de una escena a otra, se suceden diferentes situaciones en las que los mismos personajes —un triángulo compuesto por Ignat, Virginia y el hombre de la cabeza rapada o Zeta— interpretan diferentes papeles, edades, posiciones, ante la perplejidad del lector. Ignat, el muchacho despistado, aturdido y dostoievskyano de las primeras páginas de la novela es a la vez un viejo que escribe en un cuaderno —acaso el narrador de la novela que leemos— y trabaja en una funeraria, un hombre enclavado en una oficina, un coleccionista de fotografías de personas que van a morir, un novio esposado a un matrimonio esquivo y trágico; Virginia es una muchacha desvirgada en un hotel, una mujer condenada al dolor y a la muerte desde el día de su matrimonio, una estudiante enamorada, una prostituta dedicada al baile y también una espía de los servicios de inteligencia del Estado; Zeta, o el hombre de la cabeza rapada, es el tercero en el triángulo, el amante de Virginia, el suicida que acude a Ignat para ser retratado antes de morir. No son todo esto de manera sucesiva o lineal, como podría ocurrir en la vida de personas que han experimentado diferentes posiciones con el paso del tiempo, sino que lo son de modo simultáneo y aparentemente ilógico. Como en un teatro de máscaras en el que intercambian posiciones, los tres y otros personajes —pienso en el Hombre de patillas, por ejemplo— se cruzan, entrecruzan o se encuentran con ellos mismos, parecen reclamar un espacio en el que lo aleatorio y azaroso proviene acaso de la lógica del surrealismo o de un mundo fantástico o acaso delirante. Se trata de La línea, otra más, entre el sueño y la vigilia. O entre la cordura y la franca locura.

Hasta ahí estaríamos ante una novela breve de corte surreal que parecería deberse a los influjos de un Antonio Tabucchi o a un relato paranoico al estilo de Mario Levrero. Y sí, hay en La línea en medio del cielo algo de esa extraña intensidad de las novelas del autor italiano o del uruguayo y sin duda, al leerlo, el libro de Ángeles me trajo a esos autores y, además, a la figura espectral de Mario Bellatin, acaso corporizado en el hombre calvo. Yo me atrevería a creer que no necesariamente es así. Aun cuando no pensaría derrumbar el árbol de referencias de este autor —Tabucchi, Levrero, Bellatin— creo que estamos ante una novela abiertamente posmoderna, en la que los sucesos que se dan de modo caprichoso o ilógico responden más al modo en que escribe quien escribe en ese cuaderno que se abre a nuestros ojos, esa persona que intenta tocar un mundo candente y traumático y que decide que la primera línea será un “hotel”.

¿Quién narra y escribe este libro y por qué? ¿Qué lo obsesiona? ¿Qué es lo que intenta abordar en él? A mí me queda la impresión de que quien está detrás de todo esto es Ignat, solo que no sé si es el Ignat joven que proyecta su vejez como un juego literario o si es ese anciano que intenta recontar los momentos más álgidos de su vida sentimental y que en la escritura esconde, escamotea, se elude a sí mismo ante el reto de tocar una historia de la que solo tenemos retazos. A mí me parece que es ése el narrador. Y si uno atiende el libro y sus entresijos encontrará algunas obsesiones que hablarían de sus motivaciones y pulsiones: una paranoia desaforada, un matrimonio condenado al fracaso y a la destrucción, un crimen bárbaro, un triángulo amoroso en el que no se descarta la traición femenina. Es a partir de allí que uno puede reconstruir las versiones posibles de aquel trauma, pero en la búsqueda que emprende el Ignat anciano de todas sus posibilidades, en la recreación de todos los hechos y su automática negación, uno solo encuentra las dudas de quien parece hacer y rehacer el pasado a su antojo ante la dificultad de nombrar directamente lo que quema, lo que sacude, y hacerlo siempre amparado en la libertad y la licencia de la ficción. “Solo veremos el derrumbe, muy antiguo” dice el narrador, “las ruinas de un pasado que solo queda idealizar, falsear, maquillar, creer distinto, mejor, superior. Y entonces el cuaderno, y entonces la escritura” (p 67)

“La línea siempre oculta”, se llama la segunda parte de esta novela, y el título es realmente justo: en ella la escritura es un corregir constante de la imagen que se tiene del pasado, un ocultar lo que está alojado al centro y un trazar un recorrido circular sobre un fondo profundo y vacío, un nombrar para ocultar. Quizás en ello, y en el clima paranoico y de resonancias políticas que contamina la novela, es que se descubre la otra gran presencia de este libro, la del argentino Ricardo Piglia. Como en muchas de sus ficciones, en esta breve novela de Francisco Ángeles no hay verdades fijas, imágenes detenidas o historias cabalmente delineadas. Solo asistimos a ver la punta de un iceberg que, oculto, está ahí, innombrable, inasible, inexpresable.

La línea en medio del cielo
es por ello un libro intenso y de una extraña belleza. Leerlo ha sido para mí la certificación de que la narrativa peruana, y sobre todo la más joven, ha salido a crecer en la dirección que le da la gana y con buena salud. Ángeles ha escogido su veta y ha sido valiente en ella. Y con ella, con esta novela, ha abierto aun más el abanico de propuestas y alternativas de la literatura peruana reciente.

Publicado previamente en La fortaleza de la soledad
Imagen: Jeremías Gamboa

viernes, 5 de diciembre de 2008

FERNANDO AMPUERO SOBRE LA LÍNEA EN MEDIO CIELO


PALABRAS DE PRESENTACIÓN. FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA

Sobre La línea en medio del cielo, novela de Francisco Ángeles –joven hombre de letras y hoy famoso cibernauta (administrador del visitado Porta 9, blog de disección literaria) – quiero decir algo que tal vez suene muy sencillo, pero que, en mi forma de entender la literatura, constituye un elogio mayor: La línea en medio del cielo es un muy buen primer libro, que se lee con gran interés y muy rápido (en un par de horas, a lo sumo), y que además, por si fuera poco, dejará inquietantes resonancias en sus lectores, quienes al concluir la lectura no podrán resistir la tentación de volver sobre sus páginas a fin de releer uno que otro fragmento o capítulo.

Esto último quizá se deba a que estamos ante ese tipo de obra en las que uno siente que el autor nos escamotea ex profeso algunos datos, pero sin hacernos trampa. Más claro: los datos perdidos andan por ahí, flotando en las entrelíneas, o bien inteligentemente dispersos en el éter de la lectura, en el tránsito de los episodios, en alguna posible reconexión.

La novela de Ángeles, a mi criterio, se inscribe sesgadamente en la tradición de tres respetables mentores: Franz Kafka, Witold Gombrowicz y Jorge Luis Borges. Se respira aquí la atmósfera kafkiana, el clima de complot y de delirantes conjeturas de Gombrowicz, el ansia de asombro de algunos relatos borgianos que nos recuerdan a Chesterton.

La línea en el medio del cielo, de alguna manera, es una suerte de policial metafísico. No es una novela realista, sino más bien una novela sobre los orígenes de la realidad. Nada de lo que leemos es lo que parece ser, y viceversa. La vida y la ficción, digamos, son un acertijo por descifrar, un punto de tortuosos entrecruzamientos y un nivel oculto de comprensión y de emociones que solo un grupo de iniciados puede intuir o percibir. La realidad se expresa como un laberinto del tiempo. El lector está siempre con un pie en la realidad y otro en el sueño y/o la locura. Y, algo más interesante todavía, uno sospecha que en el vaivén entre tales extremos, que nos conduce por pistas falsas, se encuentra la verdad de una narración que se dispersa, o bien se recompone, en una lógica ajena y paralela a lo que dicta el sentido común, una lógica siniestra y esquizoide.

En esta extraña novela de Francisco Ángeles, el tiempo se nos presenta como un tejido de situaciones que se transforma en episodios que no aspiran a ser secuenciales, ya que aquí la continuidad no es la forma más apropiada de revelar lo que sucede. Las escenas se ordenan como en golpes de calidoscopio, dejando ver cuadros con formas y colores que ofrecen detalles en común, pero que se alejan de todo principio de orientación.

Una lectura superficial nos dice que tenemos ante nosotros a un personaje protagónico, un tal Ignat, muchacho sin pasado ni futuro. Ignat, desde un primer momento, muestra su potencial de riesgo disponible. Nada lo intimida, todo llama su atención y despierta su curiosidad.

Así las cosas, Ignat conoce a Virginia, supuesta compañera de trabajo, y ésta a su vez le presenta a un grupo de amigos que trabajan en oficinas vecinas. El muchacho rapado, el muchacho de gafas, etc. Todos son jóvenes y burócratas, al parecer inmersos en anodinos cargos de ministerios públicos, y algunos, por presuntas vinculaciones universitarias, andan involucrados en actividades políticas. Ángeles, con ligeras pinceladas, recrea la alegre camaradería de ese grupo de jóvenes amigos, por llamarlos de algún modo, pero pronto nos insinúa que a lo mejor todo es falso, que nada es natural sino planificado, que todo es una conspiración.

La novela empieza con una escena chocante. Varios jóvenes aparecen muertos en una habitación miserable de hotel. Todos los cadáveres se encuentran juntos y desnudos, con profundos cortes en las muñecas y en posiciones que hacen pensar que han perdido el aliento vital en tanto mantenían relaciones sexuales. Se desconoce qué los llevó a la muerte, pero se presume un suicidio colectivo. Este incidente, si se quiere, puede ser un anticipo del final al que está destinado el grupo de amigos. (No lo sabemos entonces, y no sé si alguien, después, consigue saberlo con certeza). Estos amigos, que conforman una secta –y digo secta, pues no tengo otro modo de aceptar sus propósitos comunes–, rinden culto a la muerte. La muerte, según piensan, es el trance más importante de la existencia. La muerte convierte la vida en un absurdo, pero dotándola de sentido. Ellos, incluso, pareciera que revaluaran la muerte (el accidente, la enfermedad, el suicidio y el homicidio) como una mística del absurdo.

A Ignat le obsesiona los instantes previos en que una persona sabe que va a morir. Conoce al dueño de una funeraria, un viejo que enviudó en su misma ceremonia de bodas, pues su novia falleció en el pasillo central de la iglesia, camino al altar, mientras la veía llegar.

Existe una fotografía de esa boda, que es justamente una imagen que registra el momento. Los novios cruzan miradas, pero solo la mirada de ella interesa, ya que la novia está a punto de morir. Ignat descubre la foto y se la pide al viejo, casi como si reclamara algo propio (tal vez se trata de un caso de “reminiscencia del futuro”). Se supone que el fotógrafo debió estar detrás del novio, si consideramos que la imagen es una réplica de esa visión subjetiva para decirlo en términos del argot cinematográfico. La novia trasmite al novio el sentimiento de su muerte.

Esa mirada detenida en el tiempo es el vértice de la novela, el punto de ebullición. Ignat se adueña de esa foto e inicia una colección de fotografías. Se trata de gente que ha sido fotografiada en idéntico trance: sabiendo que están a punto de morir. Y con esa singular colección de fotografías (llegan a reunir tres imágenes) se articula secretamente las vicisitudes de la secta.

¿Es esto que cuento lo que realmente sucede en la novela? No lo sé. Hay un viejo que escribe, pero que también podría ser el propio Ignat cuando llega a viejo y escribe sus memorias. Hay, también, un tráfico de identidades, en las que no está nada claro, así como una serie de divagaciones y paranoias, que nos presenta la escritura difusa y misteriosa del mencionado viejo, donde el presente y el pasado se entremezclan.

¿Cuál es “la línea en medio del cielo”? Eso sí lo sé, o sería mejor decir: creo saberlo. Y es que cada lector tendrá que hallar la respuesta.

No quiero avanzar con más digresiones, para no privarlos del placer de explorar por sí mismos los vericuetos de esta siempre sorprendente narración. Doy, para concluir, una acotación que juzgo relevante: el escenario y el lenguaje utilizados. La ciudad donde se mueve Ignat, Virginia y la secta (el chico rapado, el chico de gafas) podría ser cualquier ciudad. El autor se cuida mucho de no mostrarnos un contexto identificable. El lenguaje, de otro lado, es puntual, meticuloso y neutro. Ni siquiera da cuenta de modismos peruanos. Por ejemplo, en vez de escribir “anteojos” dice “gafas”, o, al referirse a los cigarrillos, en vez de decir “cajetilla” dice “paquete”.

Francisco Ángeles, en suma, busca asumir riesgos y tiene nervio de buen narrador. Yo lo felicito sinceramente por su entrada con tan buen pie en la literatura.

Publicado previamente en el portal chileno de literatura LetrasS5
Imagen: Fernando Ampuero

jueves, 4 de diciembre de 2008

PRESENTACIÓN DE LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELO


Lugar: Anfiteatro Chabuca Granda de la Feria del Libro Ricardo Palma (parque Kennedy, Miraflores)
Día: Jueves 4 de diciembre
Hora: 08.00 p.m.
Participan: Fernando Ampuero y Jeremías Gamboa
Revuelta Editores tiene el gusto de invitarlos a la presentación de la novela La línea en medio del cielo, primer libro de Francisco Ángeles, que se llevará a cabo este jueves 4 de diciembre en el marco de la Feria del Libro Ricardo Palma.
Presentarán el libro dos destacados escritores y periodistas: Fernando Ampuero, autor de larga trayectoria con más de una decena de libros de narrativa, entre los que cabe resaltar la novela corta Caramelo verde y los cuentos de Malos modales; y Jeremías Gamboa, quien en 2007 debutó con el prometedor libro de cuentos Punto de fuga, uno de los mejores libros del año pasado.

Sobre La línea en medio del cielo dice la contratapa:“Un viejo que trabaja en una funeraria, un grupo de conspiradores que no se sabe si realmente son conspiradores, un médico que cuenta historias de desaparecidos antes de desaparecer él mismo y un tipo con una extraña colección de fotografías son algunos de los personajes que aparecen en esta breve e intensa novela que explora los límites entre la realidad y la ficción.Con una prosa precisa y vibante, La línea en medio del cielo es un apasionante viaje onírico que se desarrolla a través de sugerentes silencios, que cuenta muchas historias en medio de un trasfondo político que revela la posible ausencia de fronteras entre el mundo de la intimidad y el complejo mundo exterior.

La línea en medio del cielo
es una novela que está llamada ocupar un merecido lugar de privilegio en el interesantísimo panorama de la nueva narrativa peruana, la cual nos permitirá conocer a un escritor de raza y riesgo como Francisco Ángeles”.

Francisco Ángeles (Lima, 1977)
Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado entrevistas, textos de ficción y de crítica literaria y de cine en distintos medios. Es coeditor de la revista virtual de literatura El Hablador y dirige el portal literario Porta9.

Un abrazo cordial,
David Ballardo
Gabriel Ruiz Ortega